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La razón por la que Corea del Sur domina el cine

Parasite es la prueba de que Corea del Sur es una potencia cinematográfica. Estas son las razones.
vie 07 febrero 2020 12:31 PM

El discurso de aceptación del Globo de Oro a mejor película extranjera por Parasite no se dio en inglés. Pronunciarlo en coreano, frente a la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood, ante las más grandes estrellas de cine comercial y los directivos más importantes de la industria, puede interpretarse como una declaración de principios. Y más aún por el primer enunciado del director Bong Joon-ho: “Una vez que superen la muralla de una pulgada de alto de los subtítulos, encontrarán muchas más películas increíbles”.

Para los que leyeron entre líneas, el comentario del cineasta recordaba que, en los últimos años, la crítica ha idolatrado muchas películas surcoreanas, como Train to Busan (Yeon Sang-ho, 2016), valorada con 95 por ciento de críticas positivas en el sitio de internet Rotten Tomatoes, y Tunnel (Kim Seong-hun, 2016), con 100 de calificación.

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Parasite
Parasite está nominada a seis premios Óscar. Es la primera película de Corea del Sur en lograr esto.

No es casualidad que el cine hollywoodense haya volteado a Asia para hacer adaptaciones como The Lake House (2006), remake de Il Mare (2000), o Mirrors, que se estrenó en Corea del Sur en 2003 y con el mismo nombre en Estados Unidos en 2008.

Con esas palabras y en esa premiación, el director de Parasite también redireccionó la atención cinematográfica hacia su nación y su sector fílmico. Después de ese discurso en el hotel Beverly Hilton y las históricas seis nominaciones al Óscar que recibió Parasite —incluidas mejor director y mejor película—, Bong Joon-ho le recordó al mundo que algo está pasando con el cine surcoreano, industria que en 2019 generó 1,398 millones de dólares y produjo 642 películas. En México, durante 2018 se produjeron 182 películas, según el Anuario Estadístico del IMCINE.

El círculo fue perfecto y se completó justo a tiempo: Parasite empezó a vivir este momento de atención internacional a los 100 años del estreno de The Righteous Revenge (Do-San Kim, 1919), la primera película desarrollada en su totalidad en ese país.

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Fuente de historias

La industria cinematográfica de Corea del Sur es enorme y su público uno de los más fieles del mundo. El Consejo Fílmico de Corea, creado en 1973, destinó en 2019 un presupuesto de 221 millones de dólares al Fondo de Desarrollo Fílmico, de los cuales 55 millones se emplea- ron para apoyar la realización e intercambios de películas, según datos que otorgó a Life and Style la Embajada de Corea del Sur en México. Y, en sentido contrario, los ciudadanos surcoreanos valoran este compromiso.

Bong Joon Ho
Bong Joon Ho, director de Parasite.

Cada surcoreano compró 4.6 boletos de cine en 2019, el promedio más alto del planeta, según el estudio “México contra el mundo” de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica de México. Con 3,152 pantallas en todo su territorio, Corea del Sur sumó el 4.4 por ciento de la recaudación en taquilla a nivel mundial. En comparación, con 7,024 pantallas, ese porcentaje fue menor en nuestro país (2.4 por ciento).

El gusto de los surcoreanos por su propio cine incluso ha hecho más fáciles las políticas de promoción nacional en esa nación. “El Acta de Promoción de Películas define que, al menos uno de cada cinco días, debe asignarse a filmes surcoreanos. Sin embargo, según datos del sistema de taquilla de Corea del Sur, las producciones nacionales tienen casi 50 por ciento de la audiencia. Así que esas regulaciones ya no son efectivas. En términos de números de audiencia, las películas surcoreanas tuvieron 49.5 por ciento, mientras que las de Estados Unidos sumaron 48.05 por ciento”, explica Youngdoo Park, director del Centro Cultural Surcoreano en México.

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Un pueblo cinéfilo

Es difícil determinar por qué el cine surcoreano tiene tan buena acogida no solo a nivel local, sino en todo el mundo. Sin embargo, una de las razones podría ser el entendimiento que tienen de la condición humana. “Los surcoreanos tienen una vasta sensibilidad cultural, especialmente en un sentido internacional, y al mismo tiempo conservan la tradición. Además, por lo general, las películas surcoreanas enfatizan valores universales, como la familia, el amor, la amistad y la patria”, opina Youngdoo Park.

Pieta - 2012
Escena de la pelíucla Pieta.

Desde el comienzo de su historia cinematográfica, que inició durante la ocupación japonesa, entre 1910 y 1945, las narrativas siempre han estado ligadas a la coyuntura social que se vive en la península. En 1948, por ejemplo, en la llamada Era de Oro del Cine Coreano, el primer presidente de la república, Rhee Syng-man, condonó el pago de impuestos a la industria fílmica. En este escenario nació The Housemaid (Kim Ki-young, 1960), cinta sobre un amor imposible entre una trabajadora del hogar y un compositor, que Martin Scorsese calificó como “algo nunca antes visto”.

Después, los temas rondaron el activismo y la democracia, derivados de las dictaduras militares de los años 60 a los 80, y el golpe de estado de Chun Doo-hwan en 1980. Así, las temáticas han variado según el desarrollo del país, que en la actualidad es miembro del G20. Entre 1987 y 1997 nació la llamada Nueva Ola del cine surcoreano, como se definieron las narrativas activistas que combinaban la realidad y la acción, y en la que aparecieron nombres como Park Kwang-su, Jang Sun-woo y Chung Ji-young.

A mediados de los años 90, mientras la península recibía la ayuda del Fondo Monetario Internacional para solventar la crisis, jóvenes cineastas como Kim Ki-duk, Chan-Wook Park y el mismo Bong Joon-ho aprovecharon la era de los blockbusters surcoreanos y su proyección internacional. Oldboy (Chan-Wook Park, 2003), por ejemplo, ganó el premio del jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes, además de que según IMDB, es una de las mejores películas de la historia. Kim Ki-Duk, por su parte, se quedó con el León de Oro a mejor película del Festival Internacional de Cine de Venecia, con el vio- lento retrato de un huérfano en la cinta Pieta.

“Los coreanos han experimentado un rápido crecimiento económico durante las últimas décadas. Hay grandes diferencias entre generaciones, clases y géneros. Por ejemplo, la generación anterior a la Guerra de Corea (1950-1953), que nació cuando Corea del Sur era uno de los países más pobres del mundo, es muy diferente a los jóvenes nacidos cuando Corea del Sur se convirtió en la vigésima primera economía más grande del mundo”.

Oldboy
Oldboy, dirigida po Chan-wook Park, es uno de los clásicos de acción del cine surcoreano.

En esta dualidad y contraste social se ubica Parasite, cinta sobre una familia de clase baja que invade a través de engaños la mansión de una familia de clase alta. “Creo que una forma de retratar la continua polarización y desigualdad de nuestra sociedad es con una comedia triste. Estamos viviendo en una era en la que el capitalismo es el orden reinante, y no tenemos otra alternativa. No es solo en Corea del Sur; el mundo entero se enfrenta a una situación en la que los principios del capitalismo no pueden ignorarse. En el mundo real es poco probable que los caminos de familias como nuestros cuatro protagonistas desempleados y la familia Park se puedan cruzar”, consideró Bong Joon-ho sobre su película.

Previo a la ceremonia de los Oscares, Parasite y Bong Joon-ho son los favoritos en la categoría del Óscar a mejor película internacional y están cerca de hacer historia, pues en caso de que lo gane, será la primera producción surcoreana galardonada con esa estatuilla. Pero esto sería solo la punta del iceberg. Si Corea del Sur es la cuarta potencia mundial en cine, apenas detrás de China, Estados Unidos y Japón, es por la calidad de sus historias y lo bien que reflejan a la humanidad.

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