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Te contamos por qué tienes que ver 'Baby, el aprendiz del crimen'

Cuando termines de leer querrás correr a verla.
lun 14 agosto 2017 01:48 PM
Baby Driver
Baby Driver Una cinta que te atrapará desde el primero momento

Pocas cosas tan emocionantes como presenciar el nacimiento de un clásico del cine, y eso es, sin lugar a dudas, Baby, el aprendiz del crimen. No se dejen engañar por la pésima (como ya es costumbre) adaptación del título, porque aunque en la película sobra el crimen, Baby no tiene nada de aprendiz. El personaje interpretado por Ansel Elgort (Divergente) estará chavo, pero es un maestro al volante capaz de realizar las más increíbles proezas como el chofer encargado de que los asaltantes tengan éxito en escapar de los sofisticados atracos que Doc (un espectacular Kevin Spacey) planea meticulosamente.

Además de su talento natural como piloto, Baby tiene otra peculiaridad: es un melómano apasionado, propietario de un sinfín de audífonos, lentes obscuros, iPods y grabadoras, quien sincroniza el beat de una canción para cronometrar el ritmo, tanto de cada asalto, como de cada aspecto de su vida. Y es con esto con lo que Baby, el aprendiz del crimen se separa del típico cine de acción para cocerse aparte. Decir que el soundtrack es espectacular es quedarse corto. En esta cinta, la música es un personaje más, es el narrador perfecto que acompaña, sugiere, dicta nota y marca el tono en cada escena. A esto se suman personajes perfectamente delineados para el género: los buenos son buenos, y los malos, son malos de a de veras, y las actuaciones de Jamie Foxx, Eiza González y Jon Hamm están para probarlo.

El genio detrás de esta chulada es Edgar Wright, un director inglés poco conocido en nuestro país, quien afirma que llevaba varios años cocinando la idea de un filme de persecuciones sintonizadas por la música. Su nivel de detalle llegó al grado de enviarle a cada actor un IPod con una lista de canciones que debían escuchar en un orden determinado, para ayudarlos a establecer el tono de cada escena. Wright no sólo se negó a dirigir desde lejos y pidió ser amarrado al carro de la cámara, también evitó en lo posible el uso de CGI e insistió en grabar cada escena a la antigüita, con el consabido uso de stunts y carros destrozados. Y es que Baby, el aprendiz del crimen también sirve de homenaje al pasado, con referencias a cintas clásicas del género como Punto de Quiebre y, por supuesto, a un sinfín de rolas icónicas, empezando por "Baby Driver", la canción de Simon & Garfunkel de la que toma su nombre.

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Baby, el aprendiz del crimen es una cinta imperdible, una joya del cine de acción que demuestra que lo rápido y furioso no está peleado con lo inteligente y bien hecho. Una de esas películas que nos dejan con ganas de ponernos los audífonos y pisar el acelerador.

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