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Guillermo Arriaga nos cuenta cómo era el cine en los años 70

Hablamos con el novelista y guionista de Amores Perros sobre el cine de su barrio
Cinema
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El equipo de futbol del Retorno 201, colonia Unidad Modelo, lo conformábamos: Rubén y René Rovelo, Felipe y Abel Quiroz, Manuel Santibáñez, Eduardo Sánchez, Jorge Ávalos, Marco Barrera, Paco, Alfredo y Luis Fernando Tena, mi hermano Jorge y yo, la mayoría entre 10 y 12 años. Lo llamamos Canes, en honor a nuestros perros: Endora, Skipper, Lola y Cofi. Cada sábado, enfrentábamos a equipos de otros Retornos y ganamos la mayor parte de los encuentros.

Nuestra recompensa era ir a las tres funciones de permanencia voluntaria en el Cine de la Viga. La entrada valía tres pesos (para dar una idea del precio, El Dorado, en Plaza Universidad, costaba 10 pesos). El programa era variado y obras maestras del cine contemporáneo se proyectaban junto con comedias sexosas. Así Visconti, Buzzanca y un western eran parte de nuestra tarde de sábado. Casi siempre íbamos a echar desmadre, a empujarnos, a gritar, a chiflar. Incontables veces los vigilantes nos sacaron de la sala, no sin antes darnos unas patadas y unos puñetazos en la cabeza. En el Cine de la Viga vi varias películas importantes. Me cuesta recordar la trama porque en el jaloneo era difícil concentrarse. Pero recuerdo los rostros de Lancaster, Mastroianni, Welch, Wayne, Gassman, Eastwood, Vega y Luke.

Si hiciera el recuento de las películas que me marcaron en mi vida antes de los 20 años, elegiría:

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1. Jasón y los Argonautas: aún recuerdo impresionado las calaveras peleando contra las huestes de Jasón. Yo debía tener cuatro años cuando la vi con mi abuela Lupita. Recuerdo que brinqué desde la barda de luneta del Cine Manacar, convencido de que dentro de mí se incubaba un guerrero.

2. Les Valseuses: con Gérard Depardieu y un muy buen actor que terminó suicidándose: Patrick Dewaere, nos permitió adentrarnos en la oscuridad de nuestras descargas hormonales. La vi a los 14 años, justo cuando las hormonas nos exigían una película así.

3. El último tango en París: la vi a los 15 años, mientras mi adoraba abuela languidecía en un hospital. La sordidez de la película se empalmó con la dolorosa experiencia de perder a mi abuela.

4. Viento Negro: mi película mexicana favorita. La vi a los 12 años. Me fascinó el mundo de los trabajadores de ferrocarril, los burdeles ambulantes, la dureza del desierto y los hombres.

5. Amarga pesadilla: Soy cazador. La cacería es el acto que define mi existencia, que me permite descifrar la naturaleza. Seguir a ese grupo de cazadores me ayudó a entender mejor quién era yo.

6. Naranja mecánica: Reflejaba la violencia que llegué a padecer en la Unidad Modelo. Violencia gratuita, territorial, con consecuencias graves.

7. Canoa: La paranoia política de los 60 se concentró en el microuniverso de ese pueblo poblano donde un puñado de excursionistas son linchados por “comunistas”. Reflejó la psicosis y la desconfianza de la sociedad mexicana.

8. La venganza de Ulzana: La vi a los 18 años. Una obra maestra sobre la violencia provocada por las tensiones sociales y raciales que trajo la llegada del hombre blanco a América.

9. La última mujer: La historia de un hombre y la mujer que ama (Depardieu y Muti) que termina con la pesadilla masculina más brutal: la cercenación del pene. Escrita por el enorme Rafael Azcona, con quien tuve el privilegio de colaborar, me provocó un hondo malestar que duró días.

Cierro con 10. El Padrino II: La vi a los 18 años. Quedé deslumbrado por la impecable manera en que estaba escrita. La película que más ha influenciado mi trabajo.

Hay otras películas que disfruté y fueron importantes: The Longest Yard, El magnífico, Tintorera, Bandera rota, El castillo de la pureza o Tarde de perros. Tuve la suerte de que en los cines de mi barrio se proyectaran películas arriesgadas y con el deseo de rajar en canal la condición humana. Mucho le debo a ese cine, porque, de alguna manera, somos también las películas que vimos.

Guillermo Arriaga fue guionista de Amores Perros y director de The Burning Plan. Ahora presenta por el mundo God with Words.

Guillermo Arriaga
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