Lo que parecía un proyecto para generar más recursos para el fútbol mundial terminó por abrir una de las mayores fracturas entre la FIFA y la UEFA de los últimos años. La propuesta impulsada por Gianni Infantino de permitir la entrada de inversión privada en el negocio comercial de los Mundiales provocó una respuesta inédita por parte del organismo europeo: amenazó con no participar en ninguna competición organizada por la FIFA mientras el plan siga sobre la mesa.
La UEFA no está contenta con la FIFA y amenaza con boicotear los Mundiales
La disputa va mucho más allá de un desacuerdo económico. Para la UEFA, el proyecto representa un cambio de fondo en la forma en que se gobierna el deporte más popular del planeta, al considerar que los intereses comerciales podrían terminar pesando más que los deportivos.
¿Qué quiere hacer la FIFA?
El plan de la FIFA contempla la creación de una nueva empresa llamada FIFA Forward Enterprise (FFE), que concentraría los derechos comerciales de sus principales torneos, incluyendo el Mundial y el Mundial de Clubes. Esta sociedad administraría áreas como los patrocinios, la venta de boletos, los derechos de transmisión y las licencias comerciales.
Aunque la FIFA asegura que conservaría el control absoluto de la empresa y de todas las decisiones relacionadas con el fútbol, permitiría la participación de inversionistas privados como accionistas minoritarios. Con esta operación espera recaudar hasta 4,200 millones de dólares, recursos que, según Infantino, servirían para incrementar el apoyo económico a las 211 federaciones afiliadas y acelerar el desarrollo del fútbol masculino y femenino en todo el mundo.
La UEFA acusa una "mercantilización" del fútbol
La respuesta de la UEFA fue inmediata. Tras una reunión de emergencia con sus 55 federaciones miembro, el organismo rechazó de forma unánime la propuesta y lanzó una advertencia que podría cambiar el panorama del fútbol internacional: si el proyecto continúa, ninguna selección europea participará en competiciones organizadas por la FIFA.
El organismo europeo sostiene que, si parte de la propiedad comercial de los Mundiales queda en manos de inversionistas privados, las futuras decisiones sobre calendarios, formatos de competencia o expansión de torneos podrían responder a los intereses de los accionistas y no al bienestar del deporte.
Además, cuestionó que el proyecto se haya desarrollado con poca transparencia y criticó los tiempos impuestos para su aprobación, calificando el proceso como una forma de gobernanza basada en la presión más que en el consenso. Uno de los puntos que también ha generado polémica es la posible participación del fondo de inversión Thrive Eternal, fundado por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump. La cercanía que Gianni Infantino ha mostrado con Trump durante el Mundial 2026 ha alimentado aún más las críticas y las sospechas sobre posibles conflictos de interés.
El resto del mundo aún no toma partido
Mientras Europa endurece su postura, otras confederaciones han optado por la cautela. La Concacaf y la Confederación Asiática (AFC) cuestionaron que la propuesta se hiciera pública sin consultar previamente a las federaciones, aunque evitaron pronunciarse sobre el contenido del proyecto.
Por su parte, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) pidió a sus asociaciones analizar la iniciativa antes de fijar una posición definitiva, dejando abierta la posibilidad de respaldarla si considera que realmente impulsará el desarrollo del fútbol en sus países.
Ahora, la decisión queda en manos de las 211 federaciones miembro, que tendrán hasta el 19 de septiembre para pronunciarse. Si el proyecto obtiene el respaldo suficiente y el Consejo de la FIFA aprueba los cambios reglamentarios necesarios, la organización podría poner en marcha la mayor transformación comercial de su historia. Sin embargo, también podría desencadenar un conflicto sin precedentes con la UEFA y poner en duda el futuro de los próximos Mundiales tal como los conocemos.