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México en los mundiales y su eterna búsqueda del quinto partido

Fernando Marcos, esa voz que mezclaba épica y desencanto, describió el último minuto del México vs. España en Chile 1962, disputado en Viña del Mar, como “el más angustioso” que había pasado en mucho tiempo.
sáb 13 junio 2026 09:00 AM
Mñexico en los mundiales y su eterna búsqueda del quinto partido
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Con un tiro de esquina a favor y el partido igualado sin goles, México buscaba su primera victoria en una Copa del Mundo. Enfrente estaba la España de Paco Gento, Luis Suárez y Ferenc Puskás. Según contó Juan Villoro, el director técnico Ignacio Trelles le habría pedido a Alfredo del Águila que cobrara en corto para conservar la posesión y firmar el empate. Reza la leyenda que la indicación de Trelles “se perdió en el aire de Valparaíso”.

Del Águila buscó el área rival, pero dejó el balón a merced de Luis del Sol, que de inmediato lanzó al contraataque a Paco Gento, una de las piezas sobre las que se había sustentado la tiranía europea del Real Madrid de aquella época. Gento recorrió todo el campo y eludió a sus oponentes por la parcela izquierda, hasta que, habiendo alcanzado la línea de fondo, mandó un centro que fue mal rechazado por el Tigre Sepúlveda. Joaquín Peiró controló el balón tras el rebote y fulminó a Antonio La Tota Carbajal, el último bastión.

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Villoro habló del momento como “la jugada trágica que marcó mi destino para siempre”. Carbajal, incapaz de levantarse tras el lance, se postró de rodillas, inclinó su cabeza hacia atrás y se cubrió el rostro con las manos con una histeria de melodrama burgués. Ni Albert Camus, el portero existencialista que fue vencido por la tuberculosis, ni Peter Handke, autor de El miedo del portero al penalti, gran novela de desarraigo, fueron capaces de insuflar de tanto dramatismo a la posición.

Marcos le achacó aquel infortunio a una extraña “maldición gitana”. México, que venía de perder en su debut con la Brasil de Pelé, encadenaba 13 partidos sin victoria en una Copa del Mundo desde su debut en Uruguay 1930. Por ello la proclama fatalista de Marcos y Carbajal. Y, también por ello, el festejo desmesurado que enmarcó el histórico triunfo frente a Checoslovaquia, la primera conquista. La voz de Marcos fungió como leitmotiv y permitió enlazar el fin de la “maldición gitana” de las primeras participaciones en mundiales con el inolvidable “Borja, no falles”, grito guerrero emanado del empate a uno entre México y Francia en el Mundial de 1966, en el que el Tricolor volvió a quedarse fuera en la fase de grupos.

Historia de México en los Mundiales
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México 1970, el primer Mundial en casa

Llegó el Mundial de 1970, el primero en casa, con la herida abierta por la matanza estudiantil de Tlatelolco dos años atrás. El mundo, inmerso en el discurso polarizador de la Guerra Fría, atestiguó la llegada de la televisión a color y la señal vía satélite. Fernando Marcos encontró un digno relevo generacional en Ángel Fernández, quien le añadió una fina capa de ironía y un dotado sentido del humor a las narraciones. La historia comenzó el último día de mayo de 1970, cuando el expresidente Gustavo Díaz Ordaz, señalado de haber sido el autor intelectual de la matanza estudiantil del 2 de octubre, pronunció ante más de 100,000 personas en el Estadio Azteca: “Declaro solemnemente inaugurado el noveno campeonato mundial de futbol, Copa Jules Rimet”. La rechifla que sucedió a la intervención del máximo mandatario, uno de los más repudiados de la historia, resultó inolvidable.

Como también resultó inolvidable la paranoia con la que acometió el certamen, puesto que, como recuerda el escritor Farid Barquet Climent en uno de sus artículos periodísticos, la rechifla se concatenó con otro episodio turbulento que desestabilizó a Díaz Ordaz y que sabemos gracias a un libro de José Ramón Cossío Díaz: un intento de magnicidio, meses atrás, en las inmediaciones del Monumento a la Revolución. Quizá todo esto explica, como también sugiere Barquet Climent, que México haya terminado jugándose la vida en Cuartos de Final frente a Italia, su verdugo, en Toluca y no en Ciudad de México.

Historia de México en los Mundiales
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El encuentro entre Leñero y Roca

Después del bochorno que supuso la humillante eliminación en Haití –sin la intermediación del vudú– durante el Premundial de Alemania 1974, México se volvió a presentar en una justa veraniega bajo la tutela de José Antonio Roca, protagonista como jugador de aquel empate frente a Galés en Suecia 1958, el primer punto de México en mundiales, y campeón de liga y copa con el América de Carlos Reinoso y Enrique Borja.

Vicente Leñero, con su habitual olfato periodístico, fue el encargado de envolver a Roca para que profiriera la histórica declaración que marcó la víspera del Mundial de Argentina 1978: "Le ganamos a Túnez, empatamos con Polonia y perdemos con Alemania". Fiel a su propensión a la fatalidad, México perdió los tres partidos que disputó: 3-1 con Túnez, 6-0 con Alemania Federal y 3-1 con Polonia. Fue tal la conmoción social que, según revelaría el periódico Excelsior, un hombre habría llamado al hotel de concentración de la selección en Argentina, en tiempos de la dictadura militar de Videla, amenazando con hacer estallar una bomba en el inmueble.

Historia de México en los Mundiales
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La sede emergente y el México neoliberal

La posibilidad de redención tendría que esperar ocho largos años. El representativo nacional quedó eliminado en el hexagonal final celebrado en Honduras, con miras al Mundial de España 1982. Para 1986, México se presentaría como anfitrión emergente –pese al trauma colectivo provocado por el terremoto que sacudió a la capital un año antes– ante la renuncia de Colombia, que padeció en simultáneo el estallido del sistema nacional bancario, la expansión del paramilitarismo y la imparable escalada del narcotráfico.

Con la guía del cosmopolita serbio Bora Milutinovic, autor del ingenioso aforismo “Yo respeto” ante cualquier atisbo de controversia, México encaró el segundo Mundial en casa con un vestidor que se dirimía entre el cacicazgo de Tomás Boy y el magnetismo pop de Hugo Sánchez, que venía de marcar 29 goles en su primera temporada con el Real Madrid.

Historia de México en los Mundiales
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El triunfo inicial frente a Bélgica, con goles de Fernando Quirarte y Hugo Sánchez, quedó eclipsado por el deslucido empate frente a Paraguay, en el que Hugo falló un penalti en el último minuto. “Viene Hugoooooooooooooooo”, relató Juan Dosal, alargando la “o” con un dejo de pesimismo premonitorio. La victoria posterior frente a Irak situó a México en la siguiente ronda. ¿El rival en octavos de final? Bulgaria. La mayor erupción registrada por el Estadio Azteca, ese volcán simulado de carácter popular, tuvo lugar un 15 de junio de 1986. “Amador al frente para Manuel Negrete. En esta jugada para Aguirre. Negreteeeeeeeeee…”, narró Gerardo Peña, segunda espada de Dosal. Negrete, en una acrobacia olímpica, marcó de tijera uno de los goles más bonitos de la historia de los mundiales. Aguirre homenajeó a su compañero con dos expresiones típicas de su inconfundible vena folclórica: un zape y un jalón de greñas.

Cuartos de final en el Estadio Universitario de Monterrey; otra vez lejos del regazo del Azteca. Alemania Federal, dos veces campeona del Mundo, se asomó como retador. Empate a cero que llevó el sello del indomable portero Toni Schumacher, el showman que cobró notoriedad por tirarle los dientes al francés Patrick Battiston en España 1982. Primero, tiempos extra. Las únicas imágenes memorables de la prórroga fueron la expulsión de Javier Aguirre, por doble amarilla, y los calambres de Hugo Sánchez, atendidos en primer plano por el histrión Schumacher, que acudió a la escena como quien sabe que está por interpretar el papel de su vida.

El colapso en los penales, donde se ensanchó la figura de Schumacher y se estrechó la de los cobradores mexicanos Fernando Quirarte y Raúl Servín, lo condensó muy bien Milutinovic en una entrevista posterior: “El primero que tiraba era Javier (Aguirre, que había sido expulsado), no estaba en la cancha; luego Tomás (Boy, que salió de cambio), no estaba en la cancha; tercero Hugo (Sánchez, con calambres), no estaba, me refiero a que no estaba en condiciones”. En el plano social, México, con pretensiones de primer mundo, se entregó a los tecnócratas y al neoliberalismo como receta mágica de progreso. Miguel de la Madrid, el primer gran promotor neoliberal, puso los cimientos que luego consolidaron la burbuja privatizadora creada por Carlos Salinas de Gortari, bajo un manto modernizador que terminó por disparar la desigualdad económica y social.

Historia de México en los Mundiales
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En la transición entre De la Madrid y Salinas de Gortari, salpicada por la sospecha de fraude electoral, el futbol mexicano afrontó su propio escándalo: los Cachirules, una investigación destapada por los periodistas Antonio Moreno y Alfredo Ruiz, quienes fueron tildados de “apátridas” por la opinión popular. Lo que detonó la curiosidad de ambos fue la publicación de un anuario editado por la propia Federación Mexicana de Futbol, que dejaba ver que las edades de algunos futbolistas que participaron en el clasificatorio rumbo al Mundial sub-20 en Arabia Saudita habían sido alteradas. El castigo por parte de FIFA privó a México de participar en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y en el Mundial de Italia 1990, al que Hugo Sánchez habría llegado en medio de un registro de 42 goles en 49 partidos oficiales con el Real Madrid esa misma temporada.

Llegó el Mundial de 1994, a meses de que México firmara junto a Estados Unidos y Canadá el Tratado de Libre Comercio, la cumbre del modelo productivo neoliberal. Después de haber acaudillado al grupo de la muerte, con tres rivales europeos como Italia, Irlanda y Noruega, México se vio las caras en octavos de final con la Bulgaria de Stoichkov, a la que el FBI escoltó, consciente de su fama de trasnochadores, durante todo el certamen.

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Historia de México en los Mundiales
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En otro drama inmortal, el representativo nacional cayó en penales en el Giants Stadium de East Rutherford, en la Nueva Jersey crepuscular de Bruce Springsteen y los Soprano. El fallo del casi siempre fiable Alberto García Aspe, relatado por Javier Alarcón, quedó en segundo plano ante una nueva polémica que involucraba a Hugo Sánchez, quien habría tenido desavenencias con el entrenador Miguel Mejía Barón. La teoría más extendida, avalada por varios de los protagonistas de aquel día, es que el delantero se negó a entrar de cambio al no estar de acuerdo con la posición (mediocampista) que le tenían reservada.

Las siguientes dos décadas se erigieron como la quintaesencia del “ya mérito” en clave quinto partido: las derrotas honrosas frente a Alemania (1998), Argentina (2006) y Países Bajos (2014); el deshonroso tropiezo frente a Estados Unidos (2002); y las frustrantes caídas frente a Argentina (2010) y Brasil (2018). En el camino hubo triunfos históricos frente a Francia (2010), Croacia (2014) y Alemania (2018); empates con tintes épicos frente a Bélgica y Países Bajos (1998), Italia (2002) y Brasil (2014); y derrotas no presupuestadas que condicionaron la posibilidad de tener cruces más asequibles: Uruguay (2010) y Suecia (2018).

Manuel Lapuente, Javier Aguirre en dos ocasiones, Ricardo La Volpe, Miguel Herrera y Juan Carlos Osorio pasaron lista por la silla caliente sin grandes alardes de posteridad. La banda sonora del desfile corrió a cargo del registro solemne de José Ramón Fernández, creador de una escuela crítica que moldeó relatores, comentaristas y polemistas, y el estilo hiperbólico de Enrique Bermúdez, Raúl Orvañanos y Christian Martinoli, los tres nombres propios de la crónica moderna. Fue el auge, también, de una encarnizada rivalidad por la audiencia entre las dos televisoras dueñas de los derechos.

El colapso de Catar y la víspera de 2026

Catar 2022, un Mundial espurio, supuso el regreso a los infiernos: otra cruel eliminación en primera fase. Gerardo Martino, el sospechoso habitual de turno, no solo fue acusado de incompetente por sus decisiones técnicas y su rigidez táctica, sino también de traidor por haber permitido –y promovido, según la fiscalización de un pueblo que había sobrevivido a una pandemia gestionada irresponsablemente por el primer presidente de izquierda en la historia moderna del país– el renacimiento de Argentina, su patria de origen, en aquel partido definitivo en Lusail.

Para 2026, México hará historia al albergar por tercera vez un partido inaugural de Mundial en un remozado, y ligeramente despersonalizado, Estadio Azteca. Aquella alianza entre los hoy anfitriones México, Estados Unidos y Canadá, que simbolizó la utopía de prosperidad neoliberal compartida treinta años atrás, atraviesa, seguramente, su momento más delicado tras la asunción de un bravucón profesional que no ha hecho otra cosa que no sea hostigar a su vecino del norte, a quien ve como el estado 51 de su país, y a su vecino del sur, un “narcoestado” que, supuestamente, pide a gritos ser intervenido.

Futbolísticamente, México acudió con urgencia a la capacidad de gestión de Javier Aguirre como entrenador en una tercera etapa. Las expectativas son mesuradas ante la escasez de certezas competitivas y un techo limitado a nivel de talento, más allá de Johan Vásquez, Raúl Jiménez y el emocionante juvenil Gilberto Mora. Aunque para un pueblo tan golpeado por la corrupción, la violencia sistémica y la privatización de su selección nacional, siempre aguarda la posibilidad de que el futbol se convierta, finalmente, en un motivo de orgullo identitario, una vía de escape social y un instrumento de reconciliación nacional.

Historia de México en los Mundiales
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